Una educación fracasada, ruinosa y autocomplaciente, que debe cambiar

Por Pascual Tamburri, 1 de julio de 2014.

Si algo no funciona debe cambiarse. Prandelli así lo piensa, aunque Del Bosque no. El sistema educativo español es como la Selección: ha fracasado. Wert debe cambiar muchas cosas.

El entrenador de la selección de Italia, Claudio Cesare Prandelli, ha sido uno de los protagonistas del Mundial de fútbol. Tras la derrota por 0-1 frente a Uruguay y la eliminación de Italia (tetracampeona de 1934, 1938, 1982 y 2006), Prandelli dimitió. Hay quien como él piensa que si algo ha dejado de funcionar debe cambiarse, asumiendo responsabilidades. Hay quien como Vicente del Bosque piensa que es decoroso salir por la puerta de atrás del aeropuerto y alargar la agonía pretendiendo que las cosas siguen funcionando, usando estadísticas o lo que haga falta. Y la misma variedad de actitudes aparece en muchas cosas que van decididamente mal. Como la educación española.

Junio ha terminado con la publicación del informe TALIS (Teaching and Learning International Survey), un estudio internacionalmente reconocido sobre las condiciones laborales y la situación de los docentes. Ya sabíamos sobre el sistema educativo español que los resultados académicos son cada vez peores, que la libertad efectiva de cátedra y la autonomía de los centros son muy reducidas y los medios muy mal aprovechados. Ahora sabemos también que el sistema de selección, retribución e incentivos de los maestros y profesores destaca por su inoperancia: se prima la simple antigüedad por inercia sobre los conocimientos, la calidad y el buen rendimiento, y la imagen social del docente no es buena.

Hace ya unos años la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid señaló el problema, rompiendo uno de los grandes silencios cómplices vigentes desde la Transición. Los resultados de las oposiciones al Cuerpo de Maestros de 2011, publicados y analizados, demostraron que la educación española está cada vez más en manos de personas seleccionadas en virtud de méritos sindicales, de simple antigüedad, de consideraciones psicopedagógicas y similares, y cada vez menos en personas en posesión de los conocimientos propios de las funciones académicas que ejercen. Con lo cual será muy difícil quejarnos de la mala formación académica de la generación más joven, ya que muchos de sus docentes simplemente no saben.

En 2011 sólo un 13% de los graduados universitarios con la titulación en regla con las normas en vigor aprobaron la “prueba de conocimiento” en los conocimientos que tienen que impartir en la escuela primaria. Pero es que de ellos sólo el 1,83% sabían el nombre de las provincias por las que pasan los ríos Duero, Ebro y Guadalquivir, o sólo el 31,11% marcaron en un mapa los límites y capitales de las comunidades autónomas. Con el sistema imperante, personas sin esos conocimientos ni otros igualmente elementales llegan a ser funcionarios docentes del Estado, ya que el nivel académico tiene menos del 40% del valor de la nota de la oposición, mientras que la antigüedad vale casi el 50%. Uno puede estar décadas suspendiendo exámenes y finalmente ser hecho funcionario sin saber, por mera antigüedad. Un círculo vicioso casi perfecto, porque naturalmente no se puede enseñar lo que no se sabe, ni los chavales van a aprender lo que no se les enseña ni exige.

En todos los cuerpos docentes del Estado se ha recargado en los últimos años la importancia de la burocracia, la mal llamada calidad, la pedagogía progre, la diversidad igualitaria y naturalmente la adhesión a los principios “académicos” de moda. En todos ellos se ha despreciado, sin pudor ninguno, la necesidad de que los docentes, sean maestros o profesores, dominen la materia que van a enseñar.

Es absolutamente innegable que año tras año los estudiantes españoles logran peores resultados que otros europeos al ser examinados de modo comparable. Y también lo es que nuestro sistema educativo es muy caro –extremadamente caro en proporción a los resultados- y dedica más tiempo que ninguno a una gran variedad de materias no fundamentales. Pero eso no es responsabilidad de los jóvenes de este fin de curso de 2014; tendrán los defectos que tengan, pero son hijos y nietos de un sistema educativo en el que otros han tomado desde 1968 decisiones que nos han traído al punto en el que estamos. Un sistema en el que decir que “es importante seleccionar a los mejores” o que “hay que formar a cada uno según su capacidad y su vocación” suena a herejía.

Para mejorar el sistema y hacerlo justo –dar a cada cual lo suyo- hay que asumir que sólo maestros y profesores que sepan pueden transmitir ese saber. Todo lo demás, los medios materiales y las perfecciones pedagógicas, se pueden añadir cuando y como convenga; pero un profesor ignorante es el modo más seguro y más caro de conseguir muchos alumnos mal formados y la perpetuación de un sistema basado en la ignorancia y el resentimiento, como tantos Departamentos prueban cada día. Por lo cual, como deseo para el curso 2014-2015, reconozco que prefiero un José Ignacio Wert más parecido a Prandelli que uno como Vicente del Bosque. No digo necesariamente que Wert dimita, sino que haga limpieza en casa. Esto funciona mal –aunque lo maquillemos con estadísticas socioculturales, económicas y otras paparruchas- y hay que evaluar los “jugadores” que tenemos y los que queremos tener. O seguirnos complaciendo con nuestros pseudoéxitos progres, que al final pagarán nuestros alumnos y nuestro país.

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 1 de julio de 2014, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/educacion-fracasada-ruinosa-autocomplaciente-debe-cambiar-136286.html