Tabúes rotos en la Rusia de Putin y en la Europa decadente

Por Pascual Tamburri Bariain, 12 de diciembre de 2014.

La libertad de crear no es total. Donde existe, como en Dinamarca, los creadores la usan para pedir aún más libertad. Donde no existe, como en Rusia, la exigen hasta los que la negarían.

Dmitry Kuzmin (dir.), Slava Mogutin, Margarita Meklina, Vasili Chepelev, Sergei Finogin, Vadim Kalinin y otros, El armario de acero. Amores clandestinos en la Rusia actual. Traducción de Pedro Javier Ruiz Zamora. Diseño de portada de Raúl Lázaro. Dos Bigotes, Madrid, 2014. 288 p.. 17,95 €.


Yahya Hassan, Yahya Hassan. Traducción de Francisco J. Úriz. Suma de Letras – Alfaguara, Madrid, 2014. 176 p.. 14,00 €. Ebook 6,99 €

El presidente Vladimir Putin, por si no tenía bastantes problemas de imagen en el mundo occidental, ha terminado de ganarse la enemistad de muchos medios de comunicación de todo tipo con la ley contra la “propaganda homosexual”. Entendamos qué pasa en Rusia: no se ha prohibido la homosexualidad, sino su promoción artificial, o al menos tal es la intención oficial. Lo cierto es que Rusia sigue teniendo una minoría de lesbianas y homosexuales activos y dispuestos a pedir para sí mismos las libertades que el resto de rusos disfrutan plenamente.

Como no hay mal que por bien no venga, Dos Bigotes ha traducido y publicado en España una antología de relatos y de poesía rusos, de temática directa o indirectamente relacionada con estos amores clandestinos. La verdad es que, al margen de la excusa política y de la opinión que al respecto se tenga, hay un foso entre la cultura de la Rusia actual y la de Europa Occidental, y ha hecho falta una situación de tensión como esta para que en España puedan llegar al público grandes escritores jóvenes, de entre 20 y 50 años. Gracias pues a la incomprensión de Putin o a la pretensión de imponer en Rusia un relajamiento social que es más bien propio de estos otros países hoy, el lector español pude conocer en pequeñas dosis plumas aventajadas como las de Dmitry Kuzmin, Slava Mogutin, Margarita Meklina, Vasili Chepelev, Sergei Finogin o Vadim Kalinin. Ellos salen de su armario de acero.

Quizá no sea fácil pedir libertad en Rusia hoy, sobre todo si identificamos libertad con imitar a Occidente. Y habría que preguntarse a la vez por qué Occidente es modelo para una parte –la más urbana- de Rusia y no a la inversa. Pero lo cierto es que ha habido en aquellas tierras tiempos peores, para la libertad por supuesto y desde luego para gays y lesbianas. Un tiempo del que muchos demagogos occidentales hoy prefieren no acordarse, pero que no hay que olvidar; porque si Putin genera una situación difícil para la libertad según entendamos ésta, qué no diremos de los a veces añorados Stalin, Trotsky o Breznev. Esos sí que eran armarios, y no de acero sino de puro hielo siberiano como se los encontró el mismo Alexander Solkhenitsin.

Rusia tiene mucho que ofrecer y el lector de esta antología, sean cuales sean sus gustos, lo va a comprobar sin gran esfuerzo. Hay creadores, hay vida, hay novedad, no es la mera rutina aborregada de otros lares, y la capacidad de verdadera provocación y transgresión se une a la habilidad creativa. Rusia, porque es distinta, tiene sus propios mitos, sus propios tabúes y sus propios transgresores; pero la originalidad de la cultura rusa y su potencia creativa vienen garantizadas tanto por el vigor de Putin y su entorno como por el valor de quienes se les enfrentan sabiendo que no es cuestión de broma. Es reconfortante a la vez saber que ciertos sentimientos, mayoritarios o minoritarios, son universales pero su expresión es particular según el lugar y el momento; y es en el fondo alegre ver que el enfado de un puñado de creadores, expresado en su propia creación, puede convertirse en un regalo singular en estas fechas en un país tan distinto como el nuestro.

Yahya Hassan: un emigrante rompe otros tabúes (y los mismos)

Distinta de Rusia pero también de España es Dinamarca. Y distinto es el enfado de un hombre de la misma generación que estos poetas y narradores rusos, el danés Yahya Hassan. Pero la raíz del problema es la misma: un mundo en cambio que en parte se resiste al mismo y que no comprende las necesidades de la generación de artistas más jóvenes o menos sumisos a la “normalidad” local.

A todo esto, ¿danés? Yahya Hassan es danés de nacimiento, hijo de inmigrantes pero ciudadano danés y, más allá de las leyes, educado en la lengua y la cultura danesas. Es, a los 20 años, un ejemplo de lo que Europa puede esperar de sí misma y de su cultura después de cuatro décadas abierta a una inmigración que no sabía cómo gestionar y en la que los bandazos incoherentes entre el respeto a la identidad y la voluntad de integración tenían y tienen como principal víctima… a los mismos inmigrantes y a sus hijos. Yahya Hassan quiere ser danés, se siente danés, quiere vivir como un danés de su tiempo y su edad; sin embargo, a la vez, experimenta la violencia de palabra y de obra de su familia y su contexto, que quieren los beneficios materiales de Occidente pero no la entrega anímica al mismo.

Lo que en su poesía expresa Yahya Hassan y nos trae a España Suma de Letras en una edición valiente y oportuna es exactamente eso: los sentimientos de un hombre que ve cómo lo que se le dijo desde niño no era cierto, cómo no pertenece del todo a este mundo pero tampoco a aquel del que sus mayores vienen y al que desean seguir vinculados. Es una expresión potente, decidida y nada cobarde de un gran problema cultural de nuestro tiempo, un problema que llega a todos los países occidentales y que es protagonizado por millones de jóvenes; querrían sentirse de aquí, pero no lo logran del todo; se les llama a no sentirse de aquí, pero eso después de décadas de pedirles lo contrario. ¿Qué harán?

Lo más fácil es callar y sumirse en la rutina fácil que el estilo occidental ofrece hoy, tanto en Dinamarca como en Rusia o en España: callemos nuestros problemas de fondo, disfrutemos del placer, las drogas, el sexo, la opulencia y si se quiere de las modas o la vulgaridad del fútbol de masas, renunciemos a pensar y a sentir, dejemos que otros piensen, sientan y decidan por nosotros a cambio de un puñado de euros o de unos minutos de fácil placer físico. Pero los poetas, los que lo son de verdad, sean los rusos sea Yahya Hassan, no han nacido para callar.

Aparte la fuerza inherente a su tema, el choque cultural y el futuro, Yahya Hassan es un romántico, es un poeta que expresa sentimientos, que no es ajeno a lo que cuenta sino que pone descarnadamente al lector su caso y hasta lo comparte con éxito. También los creadores rusos del Armario de acero recorren ese camino: uno no puede evitar sentir lo que siente el que escribe, por mucho que la razón y su opinión le digan otra cosa. Quizá, pese a lo duro de su temática y a lo difícil de las soluciones en ambos casos, ambos sean una señal de que la vieja Europa no está muerta del todo, siempre que no se niegue a enfrentarse a las cuestiones de este mundo nuevo.

Pascual Tamburri Bariain

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 12 de diciembre de 2014, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/tabues-rotos-rusia-putin-europa-decadente-139152.htm