Ante la crisis, ¿más o menos capitalismo es la cuestión?

Por Pascual Tamburri Bariain, 6 de febrero de 2015.

Vivimos una eterna batalla entre versiones del socialismo intervencionista y variantes del capitalismo liberal. Sin embargo, dos libros nos permiten comprobar que defienden valores iguales.

Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI. Traducción de Eliane Cazenave-Tapie Isoard, Guillermina Cuevas. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 2014. 664 p.. 29,00 €.


Lorenzo Bernaldo de Quirós, Por una derecha liberal. Un razonamiento acerca de por qué la derecha española debe alejarse del conservadurismo y acercarse al liberalismo si desea ser protagonista de las próximas décadas. Kairós, Barcelona, 2014. 728 p.. 17,95 €. Ebook 9,99 €.

Son como dos hermanos siameses, que no pueden vivir el uno sin el otro y se parecen como dos gotas de agua, no se les puede separar y eso aunque digan que se odian mutuamente. Pocos les creen ya de verdad. Son, está claro y está de moda recordarlo, el capitalismo (en todas sus variantes) y el socialismo (ponga más o menos cara de demócrata y de tolerante, algo que tan mal finge tener). Y es que ellos son así: soluciones distintas, sí, estilos distintos sí, pero desde hace siglo y medio son dos análisis de la realidad económica, social, cultural y política basados sólo y exclusivamente en la economía. Ahí empieza y termina todo, para los dos supuestos enemigos.

El francés Thomas Piketty está causando sensación, y a su modo muy justificada, con su visión progresista del capitalismo actual y de sus problemas. Bien, estamos en crisis, hacen falta nuevos análisis y nuevas soluciones… y el doctor Piketty ofrece a un público europeo en buena parte contento de recibirlo una versión actualizada y muy bien contada de un estudio marxista casi clásico. Para él, el problema esencial de la economía hoy es la generación de desigualdades, que en su opinión el capitalismo global acelera y agrava. No es ya cuestión de más o menos riqueza sino, una vez más de quién la tiene y de cómo ha de redistribuirse.

Nuestra sociedad, la de Piketty, tiene la misma visión de la riqueza que la sociedad capitalista de 1900. Ha cambiado la distribución geográfica y social del dinero, pero, puesto que para los progresistas nada importan naciones ni valores, la única cuestión es cómo vamos a conseguir que la igualdad prevalezca globalmente sobre la herencia, la riqueza y cualquier desigualdad. ¿También sobre cualquier diferencia?

Piketty demuestra sobradamente que el mundo es desigual. Muy bien hecho además. Ahora bien, incurre en un problema que muchos progresistas de todo estrato, país u origen tienden a compartir: dan por supuesto que sólo hay una jerarquía económica (algo que ellos y sus amigos-enemigos capitalistas comparten), y asumen que es por definición mala, esa definición y todas ellas. ¿Por qué? Porque es algo que en los ambientes de izquierdas ni se acepta discutir. Intente si no hablar de educación con un progre, ya verán qué fácil es sacarlo (o sacarla) de sus casillas.

Yo sí creo que hace falta un Estado social. Social de verdad, no social-materialista à la mode Piketty, sino realmente social, que se ocupe de la justicia social y no de la muy opinable igualdad. El capital, la propiedad, la herencia, como la tradición, la nación, todas las jerarquías, no son enemigos per se, y mientras que el profesor francés aporta un estudio de lo más sustancioso para entender la situación del mundo capitalista hoy, sus soluciones sólo han de valer para quien comparta su orden de valores. Estado social, cuanto se quiera; pero no para satisfacer a los discípulos frustrados del fracasado de Tréveris, sino para servir a la nación y al pueblo, a su libertad, a su identidad y a la justicia. Estoy convencido de que muchos de los lectores de Piketty, satisfechos con sus argumentos y su estudio, pero en desacuerdo con sus soluciones, compartirán ese punto de vista.

¿Una hora de ruta para la derecha? ¿Sólo una?

Estoy seguro de dos o tres cosas. Lorenzo Bernaldo de Quirós conoce seguramente el libro de Piketty, probablemente le ha gustado al leerlo y con seguridad total no comparte su visión de las cosas. O al menos, dicho sea sin ánimo de ofender, no la comparte del todo.

Es verdad que España está en crisis, y que ésta es política, moral, cultural y social además de económica. La pregunta no es ya “qué pasa”, sino más bien “qué hacemos”. La gente está descontenta. Proponer 30 años después la liberalización que por un tiempo hizo famosos y triunfantes a Margaret Thatcher o a Ronald Reagan, el recorte del Estado en su torpe y corrupta lectura socialdemócrata, la identificación de libertad económica y prosperidad (e incluso de libertad económica y libertad como tal) puede tener hoy la virtud del acierto, s sin duda una opción que merece ser considerada; lo que nadie puede fingir es que se trata de una innovación o de una enorme originalidad.

España necesita una Derecha, es cierto. De hecho, visto el CIS, simplemente no la tiene… y en muchos órdenes cuanto menos la tiene, peor nos va como país, por algo será. Pero eso no quiere decir, ni en economía ni en ninguno de los otros campos harto más importantes, que esa Derecha de la que nos habla Lorenzo Bernaldo de Quirós haya de ser única, ni menos aún uniforme o monolítica. No digamos ya si ha de ser liberal.

Por supuesto que hay una serie de campos en los que una Derecha hoy necesita del liberalismo, quizá en la gestión inmediata de la economía. ¿Pero nos podemos imaginar una Derecha sin dimensión nacional, patriótica, social, popular o tradicional? No se trata de ser centrista, antes bien, se trata de evitar la vieja tentación de ser “liberal un rato en lo económico y huera siempre en todo lo demás”, que es lo que ha sido esta UCD-PDP-PP que venimos padeciendo con algunas afortunadas interrupciones desde 1977.

La derecha quiere libertad individual, y garantizarla, sí; pero por lo mismo quiere fortaleza nacional, justicia social, gestión eficaz y grandes planes para una futura vida en común. Si uno sólo es liberal y se limita a serlo renuncia a todas las otras dimensiones de España y de la Derecha. El Estado no nos encadena, desde luego menos que las grandes compañías transnacionales a las que se querría dar carta blanca. Quien nos encadena es el estado de 1978 ineficaz, corrupto, derrochador y mentiroso. ¿Como liberales, seríamos federalistas en una España uno de cuyos principales problemas y costes es justo la hecatombe autonómica?

Lorenzo Bernaldo de Quirós tiene razón, y lo verá quien lo lea: España necesita una Derecha liberal, pero necesita a la vez muchas otras cosas. Sin ellas, el riesgo es bien conocido: construir un reflejo derechista del materialismo marxista, en el cual sólo importe la economía y todo se mida en términos de beneficios materiales. Unos lo harán pensando en igualdad, otros de libertad individual, pero al final tendrán la misma visión materialista del mundo. Que no es ni puede ser de derechas, o cuando menos nunca la única de derechas.

Pascual Tamburri Bariain

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 6 de febrero de 2015, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/ante-crisis-menos-capitalismo-cuestion-140111.htm