El gran hermano amarillo de nuestra novela negra

Por Pascual Tamburri Bariain, 13 de febrero de 2015.

Giallo. Durante décadas las novelas policíacas han tenido gran consumo, buena calidad y mala imagen social en Italia. Al revés que la novela española. Ahora la síntesis abre una nueva era.

Antonio Manzini, Pista negra. Traducción de Teresa Clavel Lledó. Salamandra Black, Barcelona, 2015. 256 p.. 17,00 €. Ebook 9,99 €


Fernando Ariza, Ciudad dormida. Ediciones del Serbal. El Biblionauta, Barcelona, 2014. 322 p.. 16,95 €.

La ficción italiana ha entrado profundamente en España. Y la gran novedad de los últimos años es el triunfo, innegable, impresionante, arrollador para ser en papel, de la novela policiaca, de los mejores gialli, traducidos al español, en medio de un renacer de la novela negra española que se ha convertido en uno de los pocos parapetos de la crisis del libro. Valga como ejemplo el comisario Benussi, el triestino de Roberta De Falco (Edhasa); pero lo que abunda son los ejemplos.

De Falco hace soñar y planear a su Benussi…como si fuera el nuevo Camilleri del Noreste. Su ordenador estaba lleno de tramas, personajes, apuntes fulgurantes. Si todos en Italia escribían gialli [novelas negras] – jueves, médicos, profesores, incluso mujeres-, ¿por qué no podría hacerlo él, con todos los casos a los que se había enfrentado en su larga carrera…?” La novela policiaca es ahora en Italia un vicio nacional, y uno prestigioso y reputado. Su extensión a España, con cantidad y calidad, está siendo una de las grandes y buenas noticias culturales del momento.

Para la sufrida clase media baja española, la gran víctima de la crisis que sigue siendo la que más lee pero que sigue sin poder visitar con sus medios el valle de Aosta, la Pista Negra de Antonio Manzini en Salamandra va a ser una de las mejores partes de esa noticia. La aventura de un romanísimo comisario Rocco Schiavone sirve de guía para el turista perdido, y el funcionario aún más perdido, en la región más pequeña, más rica y más diferente de una Italia que los españoles que no leen siguen conociendo poco y mal. Conocerá la Italia desconocida, conocerá partes de la cultura y de la vida italianas no tan parecidas a las de la España de hoy y a la vez tendrá apasionantes horas de intriga y de vida.

No nos entendamos mal: Schiavone no es un héroe ni se pretende que lo sea, es un policía real de un mundo real, duro, sucio, no siempre legal; pero honesto y al tiempo sincero. Un argumento de ficción muy verosímil en esta Italia, ha sido castigado no por sus errores y corruptelas –menores, pero las tiene- sino por cumplir con su deber moral pasando por encima de poderosos, y de las mismas normas. Y en Aosta, en un contexto que Manzini describe y usa con gran estilo, se encuentra con más de lo mismo: una serie de delitos que hay que explicar, una maraña que hay que deshacer, y un vaivén de historia, coincidencias, nieve y sangre que al lector engancha con seguridad.

Un defecto de Pista Negra: es demasiado breve. Si uno no conoce Italia puede costarle más leerla, pero comprenderá más y más el país, a la vez que ve cómo se escribe una novela a la vez moderna y clásica, para demostrar que el papel no está muerto, y que la naturaleza humana es siempre la misma y siempre puede describirse bien y con provecho… siempre que no nos dejemos llevar por prejuicios, ideologías y demás flaquezas. En dos palabras, para el autor y la editorial: ¡Queremos más!

Los secretos, de la montaña a la ciudad

Fernando Ariza ha entrado de golpe en el mundo de la novela –negra, que no amarilla, aquí- y lo ha hecho con una Ciudad Dormida que, con el detective Lang, recorre un camino distinto pero paralelo al de Manzini. Su estilo y su ambiente es más urbano y de gusto más anglosajón que el italiano, pero el lector español que haya despertado a la intriga y la investigación va a disfrutar con esta opera prima de un autor español y madrileño.

Ciudad Dormida es un síntoma más del despertar de la lectura y de sus gustos. Como en Aosta, una minoría inconexa y aparentemente incoherente sirve de escenario para crímenes que necesitan ser explicados, y como en Schiavone el investigador es el primero en sorprender y en ser sorprendido: imperfecto, fracasado, enfadado, original, imprevisible, así parece ser el investigador del siglo XXI, también en España.

Hubo un tiempo en el que escribir era elegante y leer imprescindible. Parecemos estar en un tiempo en el que ambas cosas han dejado de ser verdad; pero Ariza en España y la exitosa importación italiana a su alrededor demuestran que la batalla no está perdida y que hay quien puede ganarla. Porque al fin y al cabo, escribir puede ser un placer y leer un alivio en tiempos como los que vivimos, y ese camino aún nos va a dar muchas sorpresas. Sea en negro, sea en amarillo.

Pascual Tamburri Bariain

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 13 de febrero de 2015, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/gran-hermano-amarillo-nuestra-novela-negra-140228.htm