¿Era mejor Gadafi que el Califato? A buenas horas…

Por Pascual Tamburri, 23 de febrero de 2015.

Obama, Hollande y casi todas las potencias occidentales aplaudieron la ‘primavera Árabe’. Adiós a los ‘dictadores’ como Gadafi, ¿bienvenido el Estado islamista asesino de cristianos?

Los Estados, en especial los que se consideran democráticos, tienen una sorprendente potencia para actuar sin pensar… o para hacerlo al servicio de intereses que no se conocen. En el caso de la extensión del islamismo y sus crímenes, en general, y en particular en Libia, Francia, Estados Unidos y Gran Bretaña han demostrado una enorme capacidad de dañar sus propios intereses a largo plazo creyendo beneficiarse. Ahora todos tenemos que pagar su ceguera cuando derribaron y asesinaron a Muammar al-Gaddafi en 2011.

Libia nació a partir de la conquista italiana de 1911, y tuvo su independencia después de la guerra de 1940 por imposición británica y francesa. Así surgió en 1951 un Estado monárquico sin base popular, que tuvo como rey a Idris I, líder de la secta islamista y tribal de los senusíes basada en la Cirenaica. El coronel Muammar al-Gaddafi lideró un golpe de Estado que en 1969 estableció la República Árabe Libia.

Gadafi dispuso de los ricos recursos petroleros de Libia para desarrollar su visión de las cosas dentro y fuera del país. Quería una Libia rica, culta y moderna, sin concesiones a ninguna secta religiosa y con un gobierno absolutamente ajeno al integrismo. Fue el discípulo más joven de Gamal Abdel Nasser, y su régimen, aparte la originalidad propia del líder, fue muy parecido al egipcio de Nasser, Sadat y Mubarak, al sirio de los Al Assad y al iraquí de Sadam Hussein. En lo exterior, también fue nasserista, sin someterse nunca a la Unión Soviética pero siempre enfrentado a la expansión capitalista occidental en nombre del pan arabismo laico, de un cierto pan africanismo, pero nunca de un integrismo islamista. Todo esto con la escasez de recursos humanos y la abundancia de medios económicos del país, en medio de un mundo cambiante. Lo cierto es que Gadafi tuvo éxito temporal en vertebrar Libia y fracasó en sus sueños exteriores.

En lo que Gadafi nunca cambió fue en su sensibilidad contra el islamismo radical. Siempre señaló a las monarquías petroleras del Golfo, empezando por la secta saudí, como creadoras, estimuladores y financiadoras de los grupos islamistas sunníes en todo el mundo. De hecho, aún lo son. Como otras potencias nasseristas, los agentes de Libia se enfrentaron durante décadas a los islamistas. Cuando Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña aún estimulaban el integrismo a su gusto o interés (léase Bosnia, Irak, Chechenia primero, y la mal llamada “primavera árabe” después) la Libia de Gadafi ya lo denunciaba y luchaba duramente contra ellos.

Desde 2010 resurgió el islamismo en Libia, empezando por la Cirenaica. Los occidentales, que habían aplaudido la moderación reciente de Gadafi, apoyaron en general la rebelión. Si recordamos la propaganda, en España también entonces se hablaba de una “primavera árabe” que estaba trayendo la “democracia” a Túnez, Egipto, Libia y Siria. Lo que ha traído es destrucción, dictaduras, la extensión de un Estado islámico que ejecuta a los cristianos por el simple hecho de serlo y tres guerras abiertas en Libia, Siria e Irak que afectan directamente a los intereses españoles. Maravillosas consecuencias del apoyo aéreo francés y diplomático americano a los “rebeldes demócratas” .

Oficialmente, Gadafi fue asesinado mientras era trasladado hacia Misurata; en la práctica sabía demasiadas cosas delicadas para Occidente en general y para la Francia de Total en particular. En 2012 el Corriere della Sera demostró que un “agente extranjero” estuvo involucrado en la operación en la que Gadafi fue asesinado gracias a su teléfono móvil. El agente infiltrado era “con casi total certeza francés”, enviado por el entonces presidente, Nicolas Sarkozy, aunque aquel 20 de octubre había en la misma zona de Sirte agentes británicos, turcos, norteamericanos e israelíes.

¿Y ahora, qué? De entrada, “es muy significativo que precisamente quienes más debatieron la moralidad e inmoralidad de la guerra contra Sadam Hussein, y luego no contra Gadafi, y nada ahora contra Al Assad sean siempre los dispuestos a juzgar a uno de estos líderes, no ya sin garantías jurídicas sino incluso sin fundamento jurídico alguno”… “Si la guerra se hace religiosa, el enemigo es siempre malvado y no hay normas ni durante la guerra ni después de ella. Las imágenes de Sadam y de Gadafi torturados y humillados, sin Ley alguna que diese pie a aquella vergüenza, fueron son –ésas sí- inmorales y contrarias a la tradición bélica y política europea. En la que puede hacerse la guerra, si es preciso, sin pancartas, pero en la que el enemigo es respetado en su dignidad”. España, dentro de Occidente, debe una disculpa moral a Gadafi, que tenía razón.

Ahora estamos a punto de enviar nuestros soldados a luchar para corregir nuestros propios errores en Libia. Siguiendo la miopía prepotente de Francia y Estados Unidos, hemos destruido un Estado sano y lo hemos entregado a un califato asesino. Sin entender nada, como dijo el mismo Gadafi: “No lo comprenden. Van a conseguir desestabilizar todo el Mediterráneo“. Ya lo hemos conseguido, hay guerra e integrismo gracias a nuestros propios líderes y a nuestros propios progresistas y/o sumisos a Washington. “Me sorprende que tengamos una alianza con Occidente para luchar contra Al Qaeda y ahora que los estamos combatiendo nos abandonen“. En Egipto, ha hecho falta que el Ejército del mariscal Al Sisi intervenga para acabar con la locura de los Hermanos Musulmanes.

Puede que Gadafi acertase al ver el problema en la intrusión de potencias e intereses no mediterráneos en el Mediterráneo, en nombre de la democracia, del progreso y de… los negocios. Un año antes de morir lo dijo en Italia, que no apoyó su destrucción y que lidera ahora la intervención para poner orden, por mucho que no la entienda nuestro ministro José Manuel García-Margallo, como muchos otros que se limitan a dejarse llevar. “Me dirijo a vosotros, italianos, y a todos los pueblos que se asoman a las costas del Mediterráneo. Ha llegado la hora de que el Mediterráneo vuelva a ser mare nostrum, en el sentido de que debe pertenecer únicamente a las naciones situadas a sus orillas. No podemos consentir más que potencias lejanas geográficamente deban conservar su supremacía militar y marítima sobre nuestro mar. Debemos, antes o después, empezar a liberarnos, porque ya están maduros los tiempos para un gran cambio estratégico“. Digan lo que digan las petroleras y los servicios, si no queremos ver más asesinatos masivos de cristianos, hemos de evitar asesinatos vergonzosos como el de Gadafi. Que, aunque duela reconocerlo, tenía razón.

Pascual Tamburri

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 23 de febrero de 2015, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/mejor-gadafi-califato-buenas-horas-140449.html