Una ciudad más entre las procesiones y las elecciones

Por Pascual Tamburri, 5 de abril de 2015.

Pamplona es como muchas ciudades de España, sede de festejos religiosos y civiles aunque más atractiva en otros tiempos que ahora. Muchos de los nativos no la quieren bien.

Una de las procesiones menos vistosas y atrayentes de toda España es la del Viernes Santo de Pamplona. No por demérito de los que en ella participan, sino simplemente porque le faltan muchas de las cosas que otras procesiones verdaderamente grandes sí tienen, de Sevilla a Valladolid o modestamente en muchos pueblos en los que sí hubo devoción, entrega y arte. En Pamplona, como en muchas cosas, se conformaron con una cierta rutina y una sumisa mediocridad. Que sirven para evitarse problemas, pero también para rehuir la gloria. Pero la villa de Pompeyo no siempre ha sido así.

Sobre un poblado de sustrato vascón, y probablemente prevascón e incluso céltico, Pompeyo fundó la ciudad en el 74 aC. La Pamplona romana fue una ciudad importante, clave en las comunicaciones, y en época imperial perteneció al convento jurídico de Zaragoza, a diferencia del territorio de várdulos, caristios y autrigones (las actuales Vascongadas) como en tantas otras cosas. Aquella Pompaelo se situó en lo que después ha sido la Navarrería, recuerdo en su disposición de un campamento militar romano. Por colaborar con los romanos y fomentar la romanización, los vascones expendieron su territorio a costa de otras tribus. Contra una imagen muy reciente y muy falsa, crecieron por colaborar y no por resistir.

Pamplona fue también una ciudad del reino hispano visigodo, y a la caída de éste no resistió abiertamente la invasión musulmana. De hecho, su pequeña aristocracia local, en torno a la familia de los Íñigo, estuvo muy directamente emparentada con los Banu Qasi conversos y colaboracionistas con el Islam en el valle del Ebro; y esa afinidad explica tanto la incruenta presencia musulmana en la ciudad como la muy tardía fundación de un reino independiente por los cristianos del lugar: mientras que Asturias se alza ya en el siglo VIII, Pamplona no es un reino independiente hasta 905 con Sancho Garcés .

A lo largo de los siglos que llamamos Edad Media, Pamplona va recibiendo población artesana y mercantil de toda Francia, especialmente del Norte, y eso lleva a la fundación de nuevos barrios para la nueva población, en los burgos de San Cernin y de San Nicolás, siempre en pésimas relaciones mutuas, hasta llegar a la guerra abierta más de una vez. Y ahí empieza a surgir la red de parroquias tradicional de Pamplona, que se entrevé aún en las ceremonias religiosa.

Pamplona fue cabeza de un reino que en 1512 se unió a la corona de Castilla gracias a Fernando el Católico –que puso fin a las guerras civiles de los navarros- y que perduró hasta su integración en la España liberal en el siglo XIX. Su fama ha sido turística y tardía, y más debida a viajeros famosos que a los esfuerzos de su población. Peor en estas elecciones municipales le ha llegado el momento de elegir entre los varios caminos, no todos santos, que se le ofrecen.

Pascual Tamburri

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 5 de abril de 2015, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/ciudad-entre-procesiones-elecciones-141244.html