Hombres que huyen de sí mismos y encuentran una agonía

Por Pascual Tamburri Bariain, 22 de mayo de 2015.

El éxito de Édouard Louis con Eddy Bellegueule, es decir consigo mismo, retrata la Europa del siglo XXI: se odia a sí misma pero a la vez convertirse en trending topic. Un drama.

Édouard Louis, Para acabar con Eddy Bellegueule. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Salamandra, Barcelona, 2015. 192 p.. 16,00 €. Ebook 9,99 €.


James Dawson, Este libro es gay. Traducción de Antonio-Prometeo Moya. Urano – Puck juvenil , Barcelona, 2015. 288 p.. 14,00 €. Ebook 5,99 €

En finir avec Eddy Bellegueule ha sido (con una sola excepción muy distinta, también recién publicada en España y de la que en breve hablaremos) el gran fenómeno literario del último año en Francia. Édouard Louis, el jovencísimo autor, tan joven que lo es mucho más que muchos de los que me han padecido en clase, ha triunfado en las ventas y en las críticas con una autobiografía escandalosa y hasta escabrosa, pero sincera y casi brillantemente escrita, que va a apasionar incluso al que la lea sin compartir sus premisas ideológicas. Que por cierto son muchas.

Édouard Louis se odiaba a sí mismo, hasta el punto de cambiarse de nombre y de denunciar en público los padecimientos y angustias del ya extinto Eddy Bellegueule. Acaba de estar en Madrid, traído por el Institut Français de España, y ha gustado a todos o casi todos los literatos progresistas y a su siempre nutrido séquito hablando de Lo que la literatura debe a Foucault, Bourdieu y…Almódovar. Pero no creo que les haya gustado la novela y la vida del joven proletario Bellegueule, y en muchos casos no creo ni que lo hayan leído del todo aún en esta bonita edición de Salamandra.

¿Por qué “acabar con Eddy Bellegueule“? Porque el autor vivió una pubertad como hijo de una familia proletaria o de pequeña clase media en un entorno rural o de pequeña ciudad; y desde el principio sintió a la vez la repulsión por muchas de las cosas que vivía y se le imponían y el deseo de adaptarse a ese entorno, no brillante, con paro, alcohol, drogas, homofobia, racismo, delitos y rudeza, sabiéndose y sintiéndose desde esa misma pubertad él mismo homosexual. Un rebelde sumiso, que adula a los que se burlan de él, que se acerca a los que no le entienden, que imita a los que lo despreciarían. Pero a la vez un hombre joven brillante en los estudios, al menos los literarios, capaz de actuar (puesto que es el teatro lo que lo hace descubrirse, y no es un caso único) y además capaz de contarlo y de hacerlo con interés como demuestra este mismo libro.

Eddy Bellegueule tiene gracias a su capacidad la posibilidad de huir de Hallencourt, primero con una beca al Liceo Madeleine-Michelis de Amiens (donde se multiplica su amor por el teatro y las letras) y luego yendo a estudiar Historia la Universidad de Picardía. Después de eso, la gloria cívica francesa tan incompresible en nuestra España mediocre, estudió Sociología en la Escuela Normal Superior, se convirtió en bandera del homosexualismo progresista francés, cambió su nombre a Édouard Louis y empezó a trabajar en el nada neutral mundo de las letras francés. Bueno, tampoco el nuestro es nada neutral y si cabe es aún más izquierdista y progresista, pero quizá algo menos laico-masónico aún.

La historia del Bellegueule púber es la justificación de la “traición de clase” de su autor y se ha convertido en una bandera de la progresía gala y de una parte (pero sólo de una parte) del ambiente gay aquí y allá. Es una historia real, sincera a su modo y también atractiva y bien contada. Es la historia que cada día vemos o, peor aún intuimos, en muchos Institutos tan parecidos a aquel Liceo retratado como agobiante. Estoy convencido de que saberse homosexual en Cuarto (sí, sí, 4º de la ESO, 2º de BUP al cambio para cuarentones) ha de ser una experiencia dura, y doblemente dura si uno está convencido, como el autor, de que su propio mundo de origen es en sí mismo odioso. Porque lo que hay que entender es que Bellegueule no sufre sólo ni principalmente por lo que es y vive (un homosexual rodeado de homofobia, de presión y de soledad íntima) sino por lo que, por percepciones progres, se ha convencido de tener que ser (un gay moderno, elegante, culto, a la moda, conforme a los parámetros de este siglo y de sus clases dominantes: lo que Louis ha hecho al huir) y, más aún, por lo que ni su sociedad de nacimiento ni tampoco en definitiva la de adopción le dejan ser: un hombre libre, capaz de vivir su vida con sus decisiones, de crecer y madurar, de educarse sin someterse, de no ceñirse necesariamente ni al patrón proletario-gañán ni al gay-progre.

Y eso es algo que hace aún más interesante la novela: Bellegueule puede no ser sólo la bandera de los homosexuales jóvenes y sus problemas, más aún fuera de los templos sagrados del homosexualismo oficial de hoy, sino un símbolo de todos esos jóvenes “raros”, sea por su vida íntima, sea por sus creencias, su ideal político, su fe religiosa, sus gustos artísticos, su desprecio a los deportes de masas o al ocio de rebaño y en manada de necios, que viven reprimidos y oprimidos, ocultos o con ganas de huir. A veces por cosas tan sencillas como que en su pueblo llevar camisa está mal visto, o no amar el fútbol es pecado social, o jugar depende a qué está despreciado, o hacer teatro, o leer o ver según qué o simplemente no hacer lo mismo que “los demás” le convierte en un paria frente a la manada. Por eso Bellegueule es mucho más que un “marica”, es un joven que huye sin saber dónde, y que quizá sale de una opresión para… someterse a otra. Educar en esa sociedad que navega sin rumbo ni referencia es, también, darle la opción de salir de verdad al aire libre.

Donde la ficción y la realidad se… acercan

James Dawson también acaba de publicar un libro gay, con Urano. Pero no es una novela, ni una biografía, sino algo que, seguramente, el más tierno Bellegueule habría querido tener y no tuvo. Es un manual de información, formación y conducta de eso que ahora llaman “LGBT”, con todo lo necesario para creer, negar, hacer y definir lo que un gay “políticamente correcto debe hacer.

Dawson nos intenta ofrecerse como un repartidor de libertad para los oprimidos y reprimidos por ser lesbiana, gay, bisexual, “transgénero” o indeciso. Se vende como dogma de fe que las personas eligen su género, dando por seguro algo que muchos dudan y que, además, parte de un concepto tan discutible como es este de “genero”. Conozco desde luego muchos homosexuales a los que la rigidez ideológica de este manual, pese a su pretensión libertaria, no va a gustar. Aunque creo que tampoco se trata de que les guste a ellos.

Es verdad que el libro de Dawson es divertido, en la medida en que retrata toda la variedad de conductas y de dogmas aceptados desde esta nueva ortodoxia, y en toda su crudeza los comportamientos incluso físicos. Pero, ¿es verdadera libertad ese encasillamiento mental que supone el prejuicio de que “decidimos quiénes somos”?

Es evidente que hay conductas y personas sexualmente muy variadas. También es evidente que la sociedad no se sustenta por igual sobre todos ellos, y que no todos aportamos lo mismo a la vida y el futuro de la comunidad. Es verdad que hay personas jóvenes y muy jóvenes con intuiciones homosexuales que no aciertan con facilidad a reconocerse; y no menos cierto es que hay homosexuales en todas las comunidades. Ahora bien, entre imponer una “nueva normalidad” y la verdadera libertad hay todo un mundo. Por eso el libro de Dawson (escrito pensando en una edad en la que muchos de los afectados… no leen libros) tiene la utilidad sorprendente de ayudar a conocer qué es lo políticamente correcto y deseado por quienes definen el futuro intelectual de esta sociedad. Pero en cuanto libertad, no sólo de “género”, nos dice mucho más Bellegueule.

Pascual Tamburri Bariain

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 22 de mayo de 2015, sección “Libros”.
http://www.elsemanaldigital.com/hombres-huyen-mismos-encuentran-agonia-142186.htm