Una derrota gloriosa es mejor que mendigar poder y llorar cobardías

Por Pascual Tamburri, 15 de junio de 2015.

Napoleón pudo morir aceptando la pequeña comodidad del poder. Prefirió combatir con gloria hasta el final. Pero él era el Emperador, no un político profesional mesócrata ni mediocre.

Del 15 al 18 de junio de 1815, hace dos siglos exactos, Napoleón arriesgó en Waterloo todas sus esperanzas y las de Francia. Derrotado en Leipzig por la Sexta Coalición y con Francia invadida, traicionado por muchos de los suyos que preferían conservar poder que respetar lealtad y dignidad, abdicó en 1814. Su hijo sólo fue respetado dos días reinando como Napoleón II. Bonaparte fue exiliado a Elba, que le fue dada como principado y con muchas pequeñas ventajas burguesas. Sus vencedores, y algunos de sus antiguos aliados y amigos, se reunieron en Viena para decidir el futuro de Europa.

¿Qué habría hecho uno de nuestros políticos de 2015? Pocos de ellos renunciarían ser príncipes de una preciosa isla (o directivos de una rica empresa), ninguno de ellos se arriesgaría a la prisión y la muerte (o a tener que trabajar), y desde luego no lo harían ni por la gloria, ni por coherencia, ni tanto menos por principios o valores (que no fuesen valores del Bolsa, claro). Pero, por supuesto, ellos son sólo políticos españoles, los que nos han traído aquí, no son Napoleón Bonaparte y de hecho ni siquiera entienden qué hizo el Corso en 1815.

En marzo de 1815 Napoleón rompió la paz, desembarcó en Francia sólo con una mínima Guardia y poquísimos fieles y proclamó de nuevo el Imperio. La grandeza frente a sumisión, el riesgo frente a las blandas seguridades, la nación y el Imperio frente a la moda, a lo servil y a lo plebeyo y prudente.

Nadie o casi nadie en Francia defendió el régimen borbónico traído por los Aliados. En una marcha triunfal, Napoleón y los suyos tomaron el poder y ocuparon París y toda la nación. Era arriesgado, era peligroso, era poco prudente, no era bueno para la economía, pero era coherente, era digno, era o podía ser glorioso.

Rápidamente se formó contra el Emperador la Séptima Coalición, uniendo a los británicos, holandeses y principados afines, con los prusianos y otros contingentes germánicos, más el apoyo, lento y lejano, de Rusia, Austria y la España ya patética y servil de Fernando VII. Napoleón sabía que era más débil y que estaba solo, pero en vez de esperar que la suerte o la casualidad le diesen opciones atacó. Antes de que se movilizasen todos sus enemigos sabía que necesitaba una victoria que hiciese posible su sueño; y avanzó sobre los Países bajos, en la actual Bélgica, con la idea de derrotar por separado a los anglo-holandeses de Wellington y a los prusianos del mariscal Gebhard von Blücher. No fue posible.

Napoleón sabía que tenía que arriesgar para no traicionar las esperanzas de los suyos. Sabía que no luchar, o que renunciar a su diseño imperial, era aún peor que una derrota en el campo de batalla. En la tercera semana de junio de 1815, tras sucesivas vitorias parciales en Ligny, en Quatre Bras, en Wavre y el Mont-Saint-Jean, no consiguió impedir la unión de Blücher a los ingleses (cuya derrota impidió casi en último extremo). Derrotado, sin duda, pero inevitablemente glorioso, Napoleón no será recordado como un político rastrero mendigando un pacto o calculando una traición, sino con los cuadros de Infantería de la Guardia Imperial alrededor de la posada de La Belle Alliance.

Es verdad, el Emperador murió prisionero y quizás asesinado en la lejana Santa Elena, no fue un hombre “sensato”, “moderado” o “realista” que aceptase la “realidad” en Elba. Pero dejó memoria eterna de sí, sembró ideas, proyectos y sueños en toda Europa, hizo de Francia lo que no había sido. ¿Es mejor morir de usura babeando por un cargo público o morir fusilado y ser inmortal como el mariscal Ney? Si es usted político o aspira a serlo debe usted pensar en esto, y no engañar a sus votantes. Ya no más, al menos.

Pascual Tamburri

Pascual Tamburri Bariain
El Semanal Digital, 15 de junio de 2015, sección “Ruta Norte”.
http://www.elsemanaldigital.com/blog/derrota-gloriosa-mejor-mendigar-poder-llorar-cobardias-142648.html