Los secretos que Pablo Iglesias quiere heredar de Adolfo Suárez

Por Pascual Tamburri, 19 de febrero de 2016.

Los “espías de Franco”, puestos al servicio de la Transición, actuaron en secreto para implantar la democracia. La Dictadura creó un instrumento que Suárez usó y Podemos anhela.

Ernesto Villar se ha lanzado a explicarnos, no sin una sonrisa, los servicios secretos de nuestra historia cercana justo cuando, en 2016, los servicios secretos son noticia de actualidad total. Porque Pablo Iglesias, abiertamente, entre sus condiciones para el que él llama “Gobierno del cambio”, pone la Vicepresidencia para sí mismo, y en ella el control del que hoy se llama CNI. Los servicios secretos españoles, creados por los hombres de Franco, una vez unificados (más o menos) en tiempos de Aznar, serían gestionados por y para la extrema izquierda.

Pero no adelantemos acontecimientos. España había tenido desde el principio del franquismo unos servicios de información y de acción múltiples, bajo varios mandos y de eficacia de lo más variable. Desde el SIFNE de la Guerra Civil, organizado y pagado por la Liga arrepentida de sus pecados, al SIM, el SIPM, la constante Segunda Sección de Estado Mayor y las correspondientes ramas en FET, en los Sindicatos, y también en el SEU. Muchos nombres para un solo espíritu: identificar España con el Jefe del Estado y la obediencia al mando, bajo el nombre de disciplina, con el principal y casi único valor.

Ernesto Villar Cirujano, Los espías de Suárez. La historia inédita de la Transición a través de los informes secretos de los «espías rojos» del Gobierno. Espasa Libros – Planeta, Barcelona, 2016. 320 p. 19,90 €. Ebook 12,99 €

Ernesto Villar nos sitúa en la España de 1973-1977 y nos muestra cómo el Servicio Central de Documentación, concebido por el almirante Luis Carrero Blanco y pergeñado tras su formación francesa por el muy profesional artillero José Ignacio San Martín, tenía la oposición al franquismo perfectamente conocida y casi totalmente controlada. En Los espías de Suárez lo primero que puede sorprender al lector de generaciones muy posteriores es cómo los agentes e informadores del franquismo, en éste su servicio central final como en todos los demás y en todos los anteriores, tenían en sus manos a todos los opositores internos y externos, legales o ilegales, del franquismo. Nada o casi nada se hacía, no ya sin su conocimiento, sino casi sin su estímulo, con la excepción -sólo parcial- de parte del comunismo y de parte del nacionalismo asesino.

Gracias a Villar vemos claramente presentado un SECED profesional, bien montado y formado, del que Adolfo Suárez había sido informador antes de ser beneficiario y gestor; para nada, y esto importa entenderlo, un órgano ideologizado, sino un instrumento del ejecutivo dispuesto a cumplir, en nombre de la disciplina, las órdenes que se les diesen, si acaso con cierta benevolencia hacia las indicaciones… de determinados servicios y agencias más norteamericanos que franceses.

Nunca hubo tales “espías rojos” del Gobierno; tampoco antes habían sido “azules” o de otro color militante, salvo militar y disciplinado. Los mismos agentes que controlaron, infiltraron, sabotearon los partidos y sindicatos antifranquistas sirvieron para darles vida y hacerlos triunfar. Simplemente, asumieron en la práctica y expresaron en sus confidenciales que la democracia era el futuro, y muchos de los militares sirviendo bajo esas siglas pasaron de reprimir la democracia a usar sus mismos medios para imponerla. Y fueron y son generales con Constitución como lo habrían sido sin ella.

Lo que hace Ernesto Villar es contar, a través de parte de la documentación del SECED (ya que con la democracia cambiará de nombre… no sin perderse muchos de sus papeles, curiosamente) qué historia vivió España bajo Suárez y Juan Carlos I, camino de la democracia, y también aportando a ésta muchas de sus muy discutibles peculiaridades, a la luz de las décadas. Luego se llamó Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) y después, remozado y supuestamente con un casi monopolio de funciones y una casi total desmilitarización, Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

Por curioso que parezca comprobarlo, los Espías al servicio de Franco fueron responsables de la supervivencia y de la creación de la mayor parte de partidos políticos antifranquistas, democráticos o no, y los nutrieron de ideas, de planes, de contactos… de hombres y de dinero. Nadie puede presumir de demócrata entonces sin aceptar este contacto, excepto los comunistas que no podían exhibir contactos democráticos precisamente mejores. Y todo en nombre de la disciplina: si el mando decide que ha de ser democracia, la ‘Casa’ usará sus medios y hombres para que sea democracia, sin discusión ni matiz, y sí en cambio con muchos recovecos y oportunas jugadas.

Porque lo único que cabe lamentar de este libro de Villar, que se hace corto, es que no llega a la brillante acción de desinformación del 23-F de 1981, y a las genialidades acumuladas por tantos, desde San Martín a su sucesor el comandante del Cesid José Luis Cortina Prieto. Pero esa es otra historia, sólo continuación de esta “epopeya democrática”.

¿Y qué España tendríamos con los herederos del disciplinado y eficaz SECED franquista en manos de los leninistas 3.0 de Pablo Iglesias? No es que no haya precedentes históricos de un asalto gradual del poder por la extrema izquierda totalitaria, y no es que no se sepa qué hacen con los servicios de información y secretos en cuanto los controlan. Sin irnos a la modélica Cheka-GPU-NKVD-KGB, siempre una referencia en el sector de las banderas rojas, Podemos representa en la España de 2016 a los que en Cuba gestionan el G2 y a los que en la Alemania Oriental tenían como gestor de la información al benéfico Markus Wolf. ¿Ha de llegar ahí también la disciplina, como llegó al 11-M?

No deja de tener su gracia que hombres tan leales a Franco, a su modo, como el almirante Carrero Blanco o el coronel San Martín construyesen unos servicios tan disciplinados y eficaces que hayan servido, en manos de Adolfo Suárez y de sus inspiradores y sucesores para montar la España de las autonomías y quizá en manos de Pablo Iglesias para deshacer la misma España. Porque la disciplina ciega y la eficacia como valor, puestas por encima de los principios, tienen sus riesgos aunque la España conservadora y la reaccionaria nunca lo hayan creído. Es muy ilustrativo leer a Ernesto Villar desde semanas como ésta.

Pascual Tamburri Bariain
Es Diario, 19 de febrero de 2016, sección “Libros”.
https://www.esdiario.com/250169241/Los-secretos-que-Pablo-Iglesias-quiere-heredar-de-Adolfo-Suarez.html