Palomares, una bomba atómica sobre el franquismo que lo cambió todo

Por Pascual Tamburri, 01 de abril de 2016.

Aún no sabemos qué pasó de verdad con las 4 bombas atómicas que cayeron en Palomares en 1966. Un secreto no desvelado del franquismo, conservado por la democracia y por Estados Unidos.

Rafael Moreno Izquierdo, La historia secreta de las bombas de Palomares. La verdad sobre el accidente nuclear silenciada durante 50 años. Crítica, Barcelona, 2016. 536 p. 20,90 €.

Hace 50 años, conforme a los acuerdos entre España y Estados Unidos, bombarderos B-52 norteamericanos repostaban junto a las costas de Almería de aviones cisterna de su propio país. Era ya una rutina, dentro de la Guerra Fría, en la que las bases en España daban a los americanos una capacidad añadida de penetrar en el bloque oriental con armas nucleares. De paso, Estados Unidos usaba esta potencia para demostrar y ejercer su fuerza en todo el Mediterráneo. España recibía lo que en principio parecía mucho, y comparativamente era bueno; pero España estaba a su vez cambiando.

En pocos años, en aquella España que acababa de celebrar con Francisco Franco sus 25 años de paz, habían empezado a llegar turistas. No cuatro extraños ingleses exóticos de clase alta sino millones de europeos de clase media atraídos por los muchos atractivos del país y especialmente su mar, su clima y sus precios (esencialmente como ahora, por cierto). Un cambio radical hasta esa década de emigrantes y de campesinos, de malas comunicaciones y de grandes distancias. De repente, todo cambiaba.

Y sobre esa España, para que los americanos eran menos necesarios que una década antes pero en la que aún había mucho por hacer, una España que estaba entrando en el turismo y en la agricultura especializada con grandes esfuerzos, cayeron las bombas.

Lo que Rafael Moreno Izquierdo ha contado, a 50 años de distancia, es cómo en enero de 1966 por un accidente entre aviones de combate norteamericanos cayeron cuatro bombas atómicas sobre España (tres en tierra y una sobre el mar), sin estallar pero generando una contaminación nuclear de horizonte desconocido y marcando para siempre un nombre con una imagen y una realidad que aquella España no quería y ésta tampoco desea. El nombre de Palomares, en la costa de Almería, queda marcado hasta el día de hoy.

Rafael Moreno Izquierdo, La historia secreta de las bombas de Palomares. La verdad sobre el accidente nuclear silenciada durante 50 años. Prólogo del autor. Crítica, Barcelona, 2016. 536 p. 20,90 €. Ebook 12,99 €.

La reacción administrativa e inmediata tanto de España como de los norteamericanos implicados fue relativamente rápida y eficaz. Las bombas no estallaron pero fueron un golpe sin precedentes a un sistema no acostumbrado a recibirlos. Además, en un clima de apertura, pensando en el exterior y planeando ya una Ley de Prensa aperturista, importó tanto la seguridad como la comunicación de lo sucedido. Y en el fondo lo que entonces se hizo y no se hizo es más o menos lo ya conocido por todos, aunque con torpezas, ocultamientos, errores y avaricia cuyos detalles da moreno de modo innovador y comprensible. La estructura básica del Estado, del CSIC a la Guardia Civil, funcionó; pero un suceso así importa más a largo plazo que lo inmediato. La imagen del suceso sigue siendo, aún hoy, la del ministro Manuel Fraga bañándose junto al embajador americano para certificar la seguridad de España ante la campaña turística. Y la realidad sigue siendo la de una población que sufrió consecuencias nunca bien aclaradas, no recibió todas las indemnizaciones legal y moralmente necesarias y no vio interrumpidos sus dos procesos, de modernización agrícola y de emigración, pero sí quedó excluida del desarrollo turístico.

Y eso, aunque sin tantos datos, ya era más o menos sabido. Menos lo es, y el libro es en esto incisivo y atractivo, que no ha habido diferencias reales entre dictadura y democracia, y que el ocultismo franquista llegó, por razones políticas, hasta más allá del referéndum felipista de 1986. España, por una u otra razón, nunca pidió a los Estados Unidos lo que éstos debía y podían dar y hacer, y al final lo que se ha hecho y se sigue haciendo ha sido con cargo al contribuyente español. Nadie ha podido cambiar la imagen de Palomares, salvo lo que poco a poco hace el alejamiento de la memoria. Porque esta historia, en sus muchas consecuencias sanitarias, tecnológicas, diplomáticas, económicas y de todo tipo, está lejos de haber acabado. Quedan decenas de miles de años para que terminen, en el fondo; y eso va más allá de los regímenes y de los políticos.

Quizá una consecuencia nunca meditada del accidente fue un compromiso mucho menor del franquismo, y no digamos luego de la democracia, con la soberanía tecnológica de España en el campo nuclear. España, poco a poco, iba alcanzando una capacidad tanto militar como civil en este terreno, que era un objetivo del régimen y que ni Estados Unidos miraba con confianza ni era compatible con una mayor sumisión de España a las coaliciones occidentales. Si bien el franquismo prosiguió con la investigación y la producción energética civiles, que aún hoy son parte necesaria de la economía del país a pesar que desde hace décadas que no se construyen nuevos reactores, quizá inconscientemente el camino español hacia el arma nuclear quedó casi detenido a partir de Palomares.

Y es que, si España no era plenamente soberana en 1966, desde este punto de vista aún lo es menos hoy. Eso sí, gracias al renombre sombrío de Palomares un trozo de costa y de campo conserva más de su identidad anterior que nada de lo que lo rodea.

Pascual Tamburri Bariain
Es Diario, 01 de abril de 2016, sección “Libros”.
https://www.esdiario.com/243369845/Palomares-una-bomba-atomica-sobre-el-franquismo.html