Contradicciones internas de una ponencia social que no sorprende

Por Pascual Tamburri, 1 de febrero de 2017.

Javier Maroto Aranzábal nació en Vitoria en 1972, y me es perfectamente indiferente su vida personal, que le deseo muy feliz. Su vida pública, es decir su vida tras completar unos estudios bastante típicos en su entorno (Deusto más IESE), ha discurrido en el PP y no nos es tan indiferente a ninguno.

Es un político en alza. Tras 17 años de concejal, siempre con responsabilidades, ahora es diputado en Madrid. Me parece muy bien, unos trabajan para vivir, y otros querrían llevar la vida que él lleva. No es la cuestión aquí, en todo caso. La cuestión de fondo es si los partidos políticos, y los políticos, han de tener unas convicciones, ideas, principios o llámense como se quieran, o si han de limitarse a un programa político totalmente variable que -hábilmente usado- les dé acceso a más votos. En suma, si han de aspirar al poder para desde él mejorar la sociedad según sus principios, o si en cambio han de cambiar de principios según convenga para conquistar el poder, y desde él no cambiar lo que la corrección política progre haya definido como intangible.

De la ponencia social que Maroto ha coordinado para el PP llaman la atención algunas cosas y algunos silencios que conviene subrayar. No se trata de pedir condenas ni aplausos, sino de que queden claras ciertas cosas que se dicen y ciertas que no. Más que nada porque, a la hora de votar, nadie pueda pensar ni decir que vota lo que no votó; y no se pueda exigir a los políticos cosas que no se aprobaron en congreso.

En el punto de la Ponencia II.9, que habla de un respeto a “todas las realidades jurídicas…” es evidente un hecho: el PP no votó las nuevas formas de matrimonio, ni el “derecho al hijo” abriéndonos a todo tipo de alquileres y remezclas, pero teniendo Gobierno y mayoría absoluta no los derogó. Es el momento de decir claramente y sin matices que está a favor de todo eso. Tan claramente como eso de apoyo la gestación subrogada como técnica de reproducción asistida”, que Maroto decía hace unas semanas. Dígase, de manera que lo sepan tanto quienes las aprueban como quienes las consideran un problema social. Y todos actúen en consecuencia.

Más importante por su aún mayor alcance humano es lo relativo a IV.24. Será muy difícil “aumentar la natalidad” sin suprimir el aborto: nuevamente, el PP ha tenido de 2011 a 2015 Gobierno y Parlamento, y tras muchos vaivenes no lo hizo ni siquiera a título de maquillaje. En esto, por supuesto, no hay una responsabilidad sólo de quien lo hizo, sino de quien ha podido evitarlo o corregirlo y tampoco lo hizo. Por la misma razón, en V.42, 43, etc, hay que quitarlo todo… ¡pero qué derecho a la vida se podría defender si teniendo mayoría absoluta no se derogó el aborto! Esto, por supuesto, no vale sólo para la legislatura de 2011, sino también para la de 2000 aunque fuese con otra ley, pero hay que decirlo para que el recurso al mal menor no se convalide eternamente.

Evidentemente es difícil , si uno quiere conquistar la mayoría de los votos, sostener principios opuestos a los de uno; con la paradoja de haber sido uno mismo el que deje crecer tales principios en la sociedad, la educación y los medios de comunicación. ¿Alegaremos impotencia ante la “nueva” mentalidad social tras haberla no ya permitido sino fomentado?

Difícil no es imposible . Además, el viento del cambio social quizás empiece a soplar en direcciones escasamente progres y muy poco previstas en ese congreso del primer partido de España. En IV.32 y IV.35, y en todo el título VIII de la ponencia de Maroto, una contradicción queda latente: ¿ va el PP a decirle a su afiliado y votante que quiere más inmigrantes en España, y esto por cálculos macroeconómicos? Igual si se lo decimos sin rodeos no les gusta mucho, una encuesta a los afiliados y votantes del PP sobre este campo daría grandes sorpresas, o las dará más pronto que tarde. Claro que quizá ese voto se dé ya por seguro, por mal que se le trate, y se busquen votantes en otras latitudes. ¿Acierta o yerra la propuesta social que Maroto encabeza? Quizá España sí sea un país donde el maltrato animal merece más atención que la muerte de niños o que la pérdida de identidad cultural; y quizá haya que acomodarse a esa realidad en vez de intentar cambiarla. Pero si es así hay que reconocerlo sin pudor.

Pascual Tamburri Bariain
La Gaceta, 1 de febrero de 2017.
https://gaceta.es/opinion/contradicciones-internas-ponencia-social-sorprende-01022017-0756-20170201-0000/