Nunca ha habido terrorismo en Navarra. Es todo un montaje españolista

Por Pascual Tamburri, 17 de febrero de 2017.

Pobres “jóvenes de Alsasua”. La juez Carmen Lamela politiza las cosas, pues cuando éstos atacaron a los guardias civiles sólo ejercían su libertad de expresión. Terrorismo sólo es la “violencia ultra y policial”.

La juez de la Audiencia Nacional Carmen Lamela insiste en juzgar por un delito de terrorismo a los nueve jóvenes de Alsasua. Pobrecillos, esos simpáticos chicos de entre 17 y 24 años identificados como agresores de un sargento y un guardia civil y de sus parejas, en noviembre. Qué injusticia, qué manipulación españolista y si se tercia fascista, franquista, machista y hasta clerical. Por qué no. Ellos no se merecen eso.

La magistrada les atribuye un supuesto “delito de terrorismo” en concurso ideal de lesiones, atentado y odio. Qué politizada debe de estar la juez, que argumenta que no cabía demorar la decisión de procesarles porque hay “motivos bastantes para afirmar con fundamento” que cometieron el delito. Lo que se viene llamando el funcionamiento de la justicia conforme a la ley; pero es que la ley española no sirve a los nacionalistas vascos en Navarra. O sólo cuando ellos quieren.

El colectivo alsasuarra Ospa Mugimendua no practica el “hostigamiento” a los agentes de la Benemérita ni a los defensores de la unidad nacional de España, no, no. Eso nunca. Sólo les gritan un poco y les pintan la casa y los echan de los bares y los golpean amablemente para expresar sus ideas patrióticas y abertzales, socialistas y revolucionarias. Pero es difamación recordar que cuatro de los detenidos son dirigentes de ese grupo, y más aún recordar la perfecta identidad entre lo que ellos hacen ahora con esa sigla y se hizo antes con las de HB, Batasuna o, Jaungoikoa nos libre, ETA. No, no. Eso es presionarles, pobres.

La “Comisión Antirrepresiva de Alsasua” es sólo un instrumento de libertad, heredero de esas otras seráficas siglas, apoyado por Bildu, Sortu y Ernai, y ahora por Geroa Bai, sus sindicatos y sus grupos juveniles, para sacar la represión españolista de “sus” calles. Porque está claro, las calles son de ellos, qué hacen representantes del Estado o defensores de España allí, es culpa de ellos por estar allí. Eso es represión, intolerable.

Como muy bien dijo el día de autos uno de los injustamente detenidos a uno de los militares españolistas, no tenía derecho a estar allí. Claro que no. Es normal, unos gritos, unos golpes, qué menos; el Gobierno de Navarra tiene que defender la libertad de esos pulcros patriotas diciendo “esto os pasa por venir aquí”, “tenéis lo que os merecéis”, “iros de aquí”, “hijos de puta”, “cabrones fuera de aquí”, “perros”, “putos pikoletos”, “txakurras”, “alde hemendi”, “utzi pakean” y cariñosamente golpeándolos.

Por eso es normal que 130 “personalidades” rechacen calificar de ‘terrorismo’ lo sucedido en Alsasua. Y que 200 juristas “totalmente independientes” hayan firmado un manifiesto “totalmente independiente” a favor de los agresores de Alsasua. Que no son terroristas, ni hacen lo mismo que hacen los demás terroristas abertzales, no, no. Es su libertad de expresión. En realidad, insultando a los guardias y a los españolistas, y agrediéndoles, se defiende la libertad, la paz y la democracia. Por supuesto. Y es normal que entre los que han firmado el manifiesto esté José Luis Beaumont, hermano de la consejera Beaumont, o un hombre moderado e independiente como Patxi Zabaleta; y que la mayoría sean “juristas” sin estudios de Derecho, como el filósofo hijo del Opus Dei Daniel Innerarity, o el notable artista universal Enrique Villarreal ‘El Drogas’. Claro que no, para qué: la ley es sólo ley si conviene a los patriotas abertzales, eso es cosa sabida.

Y por eso es totalmente normal que muchos de ellos, y todos sus líderes políticos, estén en el acto de “homenaje a víctimas de violencia ultra y policial”. Porque esa sí fue violencia, y terrorismo. Malo, malo. En realidad, el único terrorismo, porque a ver qué hacía la Policía deteniendo a los patriotas abertzales, o la Guardia Civil interrogándolos, o en su momento deteniendo a los bandidos del fracasado y patético maquis Desde ahora, en Nafarroa, lo de la ETA, lo de sus seguidores y lo de sus amigos, no será terrorismo; terrorismo será sólo lo que digan Barkos y mi amigo Álvaro. Y con el tiempo irán a decírselo a la familia Ulayar, a la familia Atarés y a la familia de Alfredo Aguirre, claro que sí. En un régimen de libertades (como el soviético) la verdad es la que el poder decide, y punto. He ahí el futuro por ellos deseado.

Lamela no ha entendido a los abertzales de Nafarroa. En Alsasua sólo expresaban sus espontáneos y naturales sentimientos. Del mismo modo, Hipercor era sólo un experimento de química de unos estudiantes nacionalistas. Y lo de la T4 uno de física. Josu Ternera era un simpático líder juvenil. A José Antonio Ortega Lara le invitaron a dos años de vacaciones pagadas, qué desagradecido. Los muertos en Navarra, desde el inspector Imaz junto a la plaza de toros en adelante, fueron sólo accidentes, ellos se tropezaron y fue culpa de ellos. Nadie se ha sentido presionado para cambiar de pueblo, para ocultar sus ideas distintas –de hecho, nadie que no sea abertzale tiene ideas, y punto- y esto es todo un montaje para culpabilizar al beatífico nacionalismo vasco de la maldad intrínseca, que sólo corresponde, como todos los crímenes habidos y por haber, a los defensores de la Navarra española. Y el que no lo entienda, que consulte con el Director General que para estas cosas ha puesto la imparcial y sin par presidenta Barkos. La euskaldún de Peralta, sí, sí.

Pascual Tamburri Bariain
La tribuna del país vasco, 17 de febrero de 2017.
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