La Universidad de Navarra puede irse a Madrid si no la cuidan

Por Pascual Tamburri, 15 de enero de 2016.

Las empresas se van de la Navarra de Bildu, Geroa y Podemos. Porque las maltratan. La Universidad de Navarra del Opus Dei se encuentra incómoda. Y es la segunda empresa de la región.

Antes se solía recordar a menudo, en tono pretencioso a veces, aquello de Shakespeare de “Navarra será el asombro del mundo”. En las tres últimas generaciones la provincia tradicional, agrícola y devota se convirtió -en varios sentidos- en una inesperadamente región rica y envidiada, creyendo no perder a la vez su identidad y no caer en la sumisión al vecino. Quizá era todo vanidad infundada.

Los hechos de ahora serían inimaginables para los navarros contentos de sí mismos de digamos hace 50 años, o sólo 20. La confusión se apodera de las instituciones. Y a la vez la sensación de riqueza se evapora. Acabamos de saber que Alstom – General Electric Buñuel cerrará la planta y despedirá a todos los trabajadores. La misma semana se ha presentado un ERE para la planta de TRW en Pamplona, implicando cientos de despidos.

Las cosas no van especialmente bien, no lo parece al menos. Y aunque se prefiera una economía foral basada en las pequeñas y medianas empresas (y en las relaciones con Vitoria), no podemos precisamente ahora tratar mal a las mayores empresas de Navarra si no queremos más paro y más gasto. En el caso de la primera, Volkswagen, el Gobierno de Uxue Barkos trata de cuidar al menos las formas, aunque su subida de impuestos en caso de aplicarse a la firma alemana no va a ser precisamente una buena carta de recomendación. En el caso de la segunda empresa de Navarra en número de trabajadores, en cambio, Barkos se está dejando llevar por la parte más radical de su Ejecutivo y corre grandes riesgos.

Guste o no, la segunda empresa de la Comunidad Foral, con más de 7.000 trabajadores permanentes y con un enorme volumen de actividades económicas y culturales inducidas, es la Universidad de Navarra, obra corporativa del Opus Dei desde hace más de medio siglo. Sin la Unav y sin su Clínica Universitaria Pamplona sería muy diferente; no entro a valorar si sería mejor o sería peor, pero creo indudable que sería otra ciudad, y esto deben tenerlo especialmente en cuenta los que presumen con orgullo de Navarra y su capital.

En las últimas semanas, bajo gobierno abertzale, el Servicio Navarro de Salud ha anunciado la no renovación del concierto existente entre la Unav y la Sanidad Pública para que los trabajadores de la Universidad pudiesen recibir asistencia sanitaria en su propio centro. Todos los trabajadores de la Unav, incluyendo los de una de las clínicas con más renombre del país, tendrán que recibir asistencia sanitaria en los centros públicos, mientras que hasta ahora podían elegir.

Hay un debate de fondo, muy interesante, sobre si y cuándo a la Administración le conviene prestar directamente los servicios públicos o externalizarlos y concertarlos. Es, llegados a este punto, una polémica más ideológica que técnica en la que ya andan muchos enredados y perdiendo de vista el meollo del caso. Porque aquí no se trata de gastar o ahorrar más, o al menos no deja de ser un tema marginal; como tampoco parece importar mucho a los líderes políticos si se atiende mejor o peor a las personas. Lo principal es que por razones ideológicas se trata a la Universidad de Navarra peor que antes, aunque lo que se hace es legal, y que la Universidad de Navarra y sus miembros se sienten ahora incómodos y maltratados… precisamente en Navarra. El asombro del mundo.

Muestra de ese malestar está ya en la red, en los medios y en la calle. Trabajadores de la Clínica Universidad de Navarra y de la Universidad han expresado su “profundo malestar” por la no renovación del convenio para la asistencia sanitaria de los trabajadores del centro y han advertido de las “consecuencias” que puede tener esta decisión, que “pone en peligro puestos de trabajo” y “repercutirá en las listas de espera”. La presidenta Barkos ha atacado a sus rivales políticos y ha dicho sin más que “serán magníficamente atendidos por el Servicio Navarro de Salud, como lo son ahora”.

Consecuencias. Y es que éstas son más que evidentes. La Clínica Universidad de Navarra tiene ya un centro de consultas externas, diagnóstico por imagen y cirugía mayor ambulatoria sin hospitalización, con 3.000 metros cuadrados y 22 especialidades, en una sede provisional en la capital. La Unav está desembarcando en Madrid, que es el mayor centro de docencia universitaria y de servicios sanitarios de España. Con una enorme inversión de recursos, el Opus dei está construyendo un hospital junto a la Avenida América-A2, visible para todos en sus dimensiones y que claramente tiene un programa de expansión colosal.

La respuesta al gobierno de Uxue Barkos -antigua alumna de la casa- es bastante evidente: si me tratas mal puedo empezar a irme, e incluso hacerlo más rápido de lo previsto, y si se tercia llevándome a Madrid más sectores que los meramente sanitarios. Y es que en este asunto todos están jugando con cartas marcadas en esta partidica de mus.

Envido. Uxue Barkos no actúa así para defender los intereses de Navarra, ni su economía ni su trabajo. Cambia, legalmente, la situación de la Universidad de Navarra para satisfacer a sus aliados batasunos, marxistas y sectarios, que se cree enemigos del Opus Dei. A la vez, Barkos y su PNV latente creen poder asustar a la Navarra conservadora y atraérsela en parte como “mal menor”.

Órdago. El Opus Dei y su Universidad en particular no pueden pretender ahora, con su pancarta en vascuence, actuar por el bien de sus trabajadores. Los usan como instrumento de presión como instrumento de presión porque les conviene en este caso. Si de verdad quisiesen, podrían haber tenido hace mucho una mutualidad o un sistema legal de asistencia como decenas de miles de navarros tienen ya. Ellos han querido y hasta ahora tenido algo más. Tienen derecho a pedir lo que hasta ahora tienen, pero no a convencernos de que lo hacen por nosotros.

No pueden decir, ni en Bruno Buozzi ni en Pamplona, que actúan “por el bien de Navarra” y no digamos de España. Hay miembros de la Prelatura y trabajadores y docentes de la Universidad de Navarra que colaboran activamente y no desde ahora con los abertzales de todo pelaje, con Bildu, con el Gobierno cuatripartito y con todos sus precedentes desde hace medio siglo. Tanto la izquierda como la derecha se han confundido siempre cuando han identificado Opus Dei con patriotismo español. Sin consideraciones ni científicas, ni políticas, y a menudo tampoco espirituales, en la Unav han buscado siempre sólo y exclusivamente sus propios intereses corporativos, han jugado siempre a más de una baraja, han sido desleales con quienes más les dieron, han adulado a quienes ahora son sus enemigos. ¿Y ahora lo lamentan, o sólo será un ratito? A menudo, han optado por visiones progres y acomplejadas, también frente al vasquismo. Tienen derecho a ello, pero no a contarnos que están defendiendo los intereses de Navarra y de España; porque tendrían en todo caso mucho que corregir y que hacerse disculpar para que alguien formado les crea.

Los verdaderos protagonistas son los trabajadores de Navarra y de España, que se ven usados por unos y por otros para cumplir objetivos sectarios. Para el problema político de Navarra y para el problema universitario y sanitario de la comunidad, son los primeros a los que hay que tener en cuenta.

Pascual Tamburri Bariain
Es Diario, 15 de enero de 2016, sección “Ruta Norte”.
https://www.esdiario.com/22885333/La-Universidad-de-Navarra-puede-irse-a-Madrid-si-no-la-cuidan.html